En reunión realizada en Cochabamba, Evo Morales le hizo observaciones al presidente Luis Arce, acerca de las andanzas de sus hijos Arce Mosqueira. Corría septiembre de 2022 y la tajante respuesta del primer mandatario al líder histórico, marcó el inicio de la ruptura y la consecuente descomposición progresiva del MAS-IPSP que se prolongó durante tres años y tuvo como impacto principal la pérdida de la mayoría parlamentaria y la finalización de un tiempo hegemónico dominado por el partido azul, hoy en la congeladora por decisión de quienes supuestamente todavía tienen bajo su control la personería jurídica. Lo que comenzó con la pérdida de la gobernabilidad al quedar partida la bancada mayoritaria, tuvo desenlace en una estrepitosa derrota en las últimas elecciones presidenciales.
Evo quería marcarle los movimientos a Arce desde el Chapare en plan quitoneo de la banda presidencial, y la respuesta de “no se meta con mi familia” significó el situarse a la defensiva, olvidando que se había comprometido con el que fuera su alumno en economía cuando ejerció como Ministro (2006-2017 y 2019), de trabajar para que en 2025 regresara para ser candidato e intentar su cuarto mandato, pero fue el señalamiento a los hijos el que colmó la paciencia del Presidente, que hoy debe estar pensando si el cuestionamiento contenía o no carácter preventivo de quién lo había convertido a dedo en candidato y ejercía como jefe de campaña con sede en Buenos Aires, una figura de segundo orden con destino a la derrota. Grande fue la sorpresa cuando Arce alcanzó un triunfo contundente que superó el porcentaje obtenido por el propio Morales en 2005, que lo eximia de necesitar pactar con otras tiendas políticas para organizar el nuevo gobierno.
Cada vez que los familiares más cercanos al poder emiten señales de estar participando en instancias decisorias en las que inevitablemente se mezclan y revuelven los asuntos de Estado con las iniciativas consanguíneas inherentes a una agenda que poco tiene que ver con el bien común y la obligación de gobernar para los electores, es inevitable que comiencen a manifestarse problemas habitualmente vinculados al nepotismo, al tráfico de influencias o al uso abusivo de activos que en los papeles están exclusivamente destinados a la utilización de las autoridades electas y designadas, no de sus señoras esposas, hijas, hijos y demás familiares cercanos y no tan cercanos.
Si Evo se metió con la familia del presidente Arce, el actual régimen se enteró que el desvisado, ahora ex Fiscal General, Roger Mariaca, se estaba metiendo con la familia del presidente Paz, a la que la chismografía de algún opinionismo gagá le llama “familia real”, en un contexto en que resulta más aconsejable comprender que los audios publicados por Nadia Beller, que se van publicando con secuencia de culebrón, exponían reiterativamente las conversaciones del granjero Cerimedo con la Primera Dama del Estado Plurinacional de Bolivia, que dieron lugar a que en las oficinas de la Fiscalía en Sucre se manejaran versiones en sentido de que el entonces empoderado Mariaca estaba preparándose para meter el acelerador a fondo, con probables detenciones que podían afectar a seres queridos de quienes hoy, dicho sea de paso, ejercen el poder con ese estilo apaga incendios en el que predomina el espontaneísmo que no permite certidumbre en ninguno de los rubros de la gestión pública.
Acerca de esta lectura, en lugar de distraernos con alucinaciones sobre aviones que llegan con encapuchados de la DEA, pero que nunca llegaron, conviene revisar Rumbo XD en Facebook que el viernes 02 de octubre publicó “¿FiscalGeneral tenía plan para detener al entorno de Rodrigo Paz?”, nota en la que se le pregunta sobre el tema a un especialista que reside en Sucre, ciudad en la que se encuentra instalada la sede principal del Ministerio Público.
Si se asume la versión de Rumbo XD como probable, Mariaca no habría sido detenido porque presuntamente andaba por la vida enriqueciéndose a costa de la protección que les facilitaba a narcotraficantes, sino porque cedió a la tentación de autonombrarse macho alfa persecutor del delito, osando apostar a la pulseta con el despacho principal del piso 23 de la Casa Grande.
Esta es una nueva oportunidad para recordar que el “no se meta con mi familia” es una advertencia que debe tomarse en serio. En ocasiones puede ser explícita, en otras insinuada, pero invariablemente desemboca en fatalidad como la que le cayó al presidente Arce, y en otras simplemente para que quede inequívocamente explicitado quién es el que corta el bacalao, con y sin ayuda del Escudo de las Américas, con y sin ayuda de la democracia Maga Epstein.
En esta telenovela de grises guionistas, Cerimedo y Marset figuran apenas como los bufones del circo narcotraficante, ese negocio ilícito que por ilícito y suculento penetra el poder sin miramientos ideológicos.
Para redondear esta columna, pregunto a la IA qué era la famiglia para Vito Corleone, considerando que esa familia resulta la más célebre de la cinematografía de todos los tiempos. La IA contestó lo siguiente: “Para Vito Corleone, la famiglia era el valor supremo, la brújula moral absoluta y la única justificación válida para ejercer el poder, el control y la violencia.”
En la escena en que Vito Corleone – Marlon Brando se encuentra sentado en el sillón giratorio de su sombrío despacho cuando hay fiesta en los jardines por el matrimonio de su hija Connie (Talia Shire), pronuncia una frase que huele a sentencia: “Un hombre que no pasa tiempo con su familia, nunca puede ser un hombre de verdad”.
///



