“La fragmentación del orden internacional dejó de ser un fenómeno distante para convertirse en una realidad con efectos concretos sobre Bolivia. La guerra y las tensiones geopolíticas están generando graves problemas en nuestra economía pero también pueden beneficiarnos” Esta es la conclusión planteada por el expresidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, Ronald Nostas Ardaya, en un artículo publicado recientemente en medios de comunicación nacionales.
Nostas hace referencia al Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial, advierte que en la confrontación económica global, los sectores del comercio, finanzas, tecnología, cadenas de suministro y recursos naturales están siendo utilizados crecientemente como instrumentos de poder, y al discurso de Antonio Guterres en la reciente Asamblea de las Naciones Unidas que señaló que las fracturas del mundo se están profundizando y que las guerras, las divisiones geopolíticas, la desigualdad, la crisis climática y la inteligencia artificial forman parte de una misma transformación en la disputa por el poder.
Sobre estas definiciones, el industrial boliviano afirma que la guerra y las tensiones mundiales alcanzan a nuestro país, que enfrenta la elevación del precio del petróleo, el encarecimiento del transporte marítimo y los insumos, la alteración de las cadenas de suministro y el incremento del valor estratégico de los recursos naturales.
El petróleo, la guerra que también llega a Bolivia
Al respecto, en una conversación con este medio, Nostas afirmó que uno de los canales más directos de transmisión de la crisis internacional a Bolivia es el precio del petróleo, que el 30 de septiembre llegó a superar los $us 103 por barril. Dijo además, los elevados costos de transporte marítimo están contribuyendo a mantener ajustados los mercados de combustibles. El impacto es particularmente relevante para Bolivia porque el país depende de la importación de combustibles. Indicó que a julio de 2026, las compras externas de carburantes alcanzaron $us 1.079 millones, 13,8% más que en el mismo período de 2025.
Según Nostas, la guerra entre Irán y EEUU, que eleva el precio internacional del petróleo, puede generar mayores costos de producción dentro de Bolivia, porque afecta transporte y logística. “Un incremento de los costos de flete marítimo se incorpora al precio final de los bienes importados y afecta maquinaria, repuestos, vehículos, equipos, productos industriales, medicamentos, alimentos, materias primas e insumos utilizados por las empresas nacionales, por lo que un shock petrolero puede convertirse simultáneamente para nosotros en un problema energético, inflacionario, logístico y productivo”, señaló.
La crisis también nos beneficia
Curiosamente, señala el empresario, la crisis internacional tiene efectos positivos para Bolivia. Por ejemplo, a julio de 2026, las exportaciones de minerales de metales preciosos y sus concentrados aumentaron 172%, las de oro no monetario 174,5% y las de minerales de zinc y sus concentrados 26,5%. “Estos datos muestran que Bolivia dispone de recursos que el mundo está demandando crecientemente”, señaló.
Asimismo, afirma que el capital internacional busca seguridad y las empresas que invierten a largo plazo necesitan proteger sus activos, garantizar sus cadenas de suministro y reducir la exposición a guerras, sanciones y conflictos geopolíticos. Bolivia se encuentra físicamente alejada de las principales zonas de guerra y dispone de minerales, energía, alimentos, tierra productiva y una ubicación que puede conectarla con grandes mercados regionales. “En teoría, esto debería convertirse en una ventaja”, afirma.
La paradoja boliviana
Según el ex presidente de la CEPB, la fractura del mundo nos está llevando a una paradoja singular, ya que, por un lado, el país enfrenta mayores costos por los combustibles importados, el transporte internacional y los insumos; pero simultáneamente puede obtener mayores ingresos por minerales y urea. “Nuestro país está alejado de las principales zonas de conflicto, pero todavía debe construir las condiciones de estabilidad que permitan atraer capital. Tiene la posibilidad de relacionarse con China, Estados Unidos, Europa, Brasil y otros mercados, pero debe evitar quedar atrapado en la rivalidad de las grandes potencias”, explica.
Aunque plantea que Bolivia necesita aprobar ajustes de fondo a las leyes de inversión, minería, comercio e hidrocarburos, y crear nueva normativa sobre el litio y los minerales raros, considera que el capital extranjero no busca únicamente seguridad jurídica, sino también estabilidad social y política, gobernabilidad, previsibilidad económica, reglas que puedan cumplirse y capacidad del Estado para garantizar que una inversión pueda operar durante décadas sin interrupciones. “La seguridad jurídica es indispensable, pero no basta por sí sola. Un país puede tener buenas leyes de inversión y, al mismo tiempo, ser poco atractivo si existen bloqueos recurrentes, conflictos sociales, incertidumbre política, interrupciones logísticas, cambios imprevisibles de reglas o dificultades para garantizar la continuidad de las operaciones”, afirma.
Finalmente, considera que el mundo está cambiando y Bolivia tiene recursos para beneficiarse de ese cambio. Pero para transformar esa posibilidad en una oportunidad real deberá ofrecer al capital algo más que seguridad jurídica: deberá ofrecer confianza, estabilidad y la certeza de que invertir, producir y permanecer en Bolivia será posible en el largo plazo.
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