En julio de 1993, a pocos días de finalizar su mandato presidencial, Jaime Paz Zamora causó un fuerte revuelo diplomático al calificar públicamente a Chile como un "adversario indolente, retrógrado y cavernario".
La polémica frase interrumpió de forma abrupta un proceso de acercamiento bilateral e incipiente diálogo político que el gobierno boliviano había establecido con la administración del entonces presidente chileno, Patricio Aylwin.
Las declaraciones de Paz Zamora para la galería antichilena tan característicamente patriotera, generaron un impacto tan inmediato en la política interna de nuestro país, que provocaron la renuncia de su propio Canciller, Ronald MacLean Abaroa, a tan solo diez días de concluir la gestión del Acuerdo Patriótico.
Los presidentes de Bolivia y Chile, junto a sus cancilleres, posaron para una fotografía tomada por este columnista con motivo de la Cumbre Iberoamericana de Salvador de Bahía (15 y 16 de julio de 1993). En ella figuran Paz Zamora, Aylwin, Silva Cimma y MacLean.
Se encuentra en los archivos de la época la siguiente versión informativa: “Los entonces cancilleres Ronald MacLean Abaroa (Bolivia) y Enrique Silva Cimma (Chile) fueron los arquitectos y firmantes del histórico Acuerdo de Complementación Económica N° 22 (ACE 22).Este trascendental tratado comercial se suscribió el 6 de abril de 1993 en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra y entró formalmente en vigencia el 1 de julio de ese mismo año, apenas semanas antes de la crisis diplomática desatada por las declaraciones del presidente Jaime Paz Zamora/…/ Entre los puntos clave de la agenda Mac Lean - Silva Cimma destaca la apertura de mercados que estableció un programa de desgravación arancelaria donde Bolivia liberó con arancel cero cerca de 200 productos chilenos, mientras que Chile otorgó el mismo beneficio a unos 115 productos bolivianos.
El acuerdo se diseñó de manera bilateral bajo el amparo de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). El objetivo era sentar las bases para una efectiva integración económica regional y diversificar el flujo comercial/…/ A través del mismo acuerdo se buscaba promover inversiones conjuntas y facilitar el intercambio logístico e institucional entre los sectores privados de ambos países/…/A pesar de que el posterior discurso de Jaime Paz Zamora provocó la renuncia de MacLean y congeló temporalmente el diálogo político y diplomático, el ACE N° 22 sobrevivió al conflicto. Al tratarse de un instrumento comercial de Estado, se mantuvo vigente a lo largo de las décadas y continúa siendo el pilar normativo que rige el comercio bilateral entre Bolivia y Chile”, concluye el reporte periodístico.
Transcurridos 33 años de aquél acercamiento bilateral, el hijo de Paz Zamora, ahora presidente Paz Pereira, subió el jueves 24 de septiembre al estrado de la Asamblea General de Naciones Unidas notoriamente confundido: Parecía creer que estaba en la inauguración de una obra iniciada por gobiernos precedentes en alguna ciudad intermedia del país para dedicarse a hablar de si mismo, de su identidad digital y su módica inversión de 50 mil dólares para ganar las elecciones que lo llevaron al poder.
Para decirlo claro y conciso, pasamos en algo más de tres décadas, de la activa relación con Chile mal terminada por Paz padre a la inexistencia de la bilateralidad en el gobierno de Paz hijo, por lo menos en su pintoresca alocución en Nueva York. Corresponde recordar que Bolivia tiene constitucionalizado el reclamo histórico de la recuperación de la cualidad marítima soberana frente al “adversario indolente”, ese que ahora tiene apoltronado en el palacio de La Moneda, a un presidente pinochetista, José Antonio Kast, que apenas asumió el cargo, trató a nuestro país de la peor manera, anunciando el Plan Escudo Fronterizo (construcción de un muro), previo al establecimiento de la estrategia trumpista del Escudo de las Américas, impuesta al vasallaje presidencial latinoamericano del que forman parte, que obviedad, el propio Kast y Paz Pereira.
Para lo que si tuvo tiempo el Presidente de la triple Bolivia, fue para extenderle la mano al genocida Benjamin Netanyahu, lo que provoca reacciones, todas negativas. que van desde la vergüenza ajena hasta la legítima indignación. Si el primer mandatario boliviano considera necesario cometer semejante gesto público de reconocimiento a un gobernante sobre el que pesa un mandamiento de la Corte Penal Internacional debido a la atrocidad exterminadora contra los gazaties a su cargo, quiere decir que los niveles de sumisión en los que se encuentra representado nuestro país, son de un oprobio innombrable.
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