Agosto 12, 2026 -HC-

Karen Longaric, la canciller que sostuvo el Estado

La Cancillería de Longaric representó la defensa de la institucionalidad en un momento crítico de Bolivia; su aporte debe ser leído como un capítulo esencial de la historia diplomática boliviana


Miércoles 12 de Agosto de 2026, 9:45am




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Atacar la reputación de un profesional cuando se agotan los argumentos se ha convertido en un deporte en muchas partes del mundo. En Bolivia, sin embargo, los medios deberían reflexionar antes de publicar ofensas a terceros. La reciente columna de Julio Peñaloza Bretel (La paja y la viga de una exCanciller | Urgentebo) contra la excanciller Karen Longaric es una diatriba ideológica que pretende reescribir la historia reciente de Bolivia, no una crítica a su gestión. Ello, porque omitir deliberadamente que su llegada al Ministerio de Relaciones Exteriores respondió a la urgencia de restituir la institucionalidad, tira por la borda cualquier juicio de valor posterior.

Desde la perspectiva de las relaciones internacionales, mi campo de especialidad, recuerdo que cuando Bolivia llamó a la Sra. Longaric, el país atravesaba una crisis institucional extrema, al borde de una guerra civil y estaba sola en el contexto regional. Ese aislamiento ha sido la marca de países desmantelados por el socialismo del siglo XXI, que solo logran sobrevivir entregando cultura, política y recursos a potencias como Rusia, Irán o China, y en su momento, sin miramiento alguno a México, Venezuela, Cuba, Nicaragua y Argentina, cuando el Grupo de Sao Paulo reinaba en la región. Peñaloza disfraza su diatriba con el ropaje de la opinión política, pero lo que ofrece es un panfleto. Al reducir una crisis institucional al cliché del ‘sometimiento a Estados Unidos’, demuestra que su objetivo no es comprender la política exterior boliviana, sino encajarla a la fuerza en un relato ideológico prefabricado. Esa operación no ilumina al lector; lo confunde deliberadamente.

Una trayectoria inmune a la descalificación

Conviene advertir que en Bolivia se ha vuelto recurrente la demolición política que apunta a las mujeres. Se las descuartiza simbólicamente: se les cuestiona su vida privada, se ridiculiza su carácter, se minimiza su trayectoria. No es casualidad, es un patrón. La columna de Peñaloza contra Karen Longaric se inscribe en esa práctica: no busca debatir ideas, sino reducir a una mujer de Estado a caricatura. Ese gesto revela más sobre la precariedad del autor que sobre la figura atacada.

Sin embargo, para debatir sobre el servicio exterior, primero se debe acreditar idoneidad. Karen Longaric es abogada, doctora en Derecho Internacional y especialista en la materia. Se trata de una mujer que ha dedicado décadas a la academia, formando generaciones de abogados y diplomáticos bolivianos, y es una de las juristas más respetadas de la región. Su nombramiento en noviembre de 2019 no fue un premio partidario, sino el llamado a una técnica intachable para pacificar, ordenar y dar continuidad legal a un Estado en crisis profunda. Un Estado al cual, ya se le había desmantelado su cancillería, poblándola de acólitos del Movimiento al Socialismo.

La presidenta interina Jeanine Áñez tuvo el tino de convocar a una mujer con carácter, experiencia y elegancia, capaz de presentarse ante cualquier gobierno con el talante que transforma una negociación. Además, se trata de una persona culta, con mundo y con una vasta red de contactos. Haber involucrado en la columna escrita por Peñaloza a su hijo y a su difunto marido es una bajeza moral que desnuda la ética de quien la escribe.

La mirada internacional: el refugio en Chile

Donde el “masismo” ve un blanco para la persecución judicial, la comunidad internacional reconoce un referente de integridad. Desde Chile, la percepción de la gestión de Karen Longaric no solo es óptima, sino profundamente valorada por el rigor y la prudencia con que manejó la agenda bilateral en un año crítico para el continente.

Conviene recordarle al Sr. Peñaloza que, sin la gestión de la Canciller Longaric, la situación de los miles de bolivianos atrapados en Chile durante la pandemia habría sido aún más difícil. Fue bajo su conducción que buses y recursos del Estado chileno facilitaron la repatriación, y que Bolivia recibió el mayor apoyo desde la presidencia de Sebastián Piñera, sin distingo alguno. Según cifras del Comando Conjunto Norte de Chile, entre abril y junio de 2020 retornaron 2.602 bolivianos por Colchane y cerca de 1.400 por Ollagüe. Esa coordinación binacional fue posible gracias a Longaric, quien instaló una nueva fase de diálogo con Chile, una que con fluidez de contacto de Estado a Estado, ha venido generando frutos hasta el presente. Y su labor no solo se esmeró en el tema de fronteras, sino también en el marco del comercio boliviano que ella defendió durante su gestión a ultranza respecto del cumplimiento del Tratado de 1904 con Chile, la exigencia del libre tránsito y se aseguró de que el flujo del comercio exterior boliviano no se detuviera a través de los puertos del norte de Chile a pesar de las estrictas restricciones sanitarias y cierres de fronteras por el COVID-19 en 2020.

Tan evidente fue ese respeto técnico que, cuando la maquinaria judicial boliviana inició la cacería de exautoridades el mismo mes de noviembre de 2020, el gobierno de Piñera no dudó en extenderle protección política durante casi un año en territorio chileno. Por ello, conviene recordarle al Sr. Peñaloza que las democracias serias no protegen a improvisados; protegen a hombres y mujeres de Estado cuya seguridad se ve amenazada por cumplir con su deber constitucional.

Conclusión.

En suma, la columna de Peñaloza carece de sustento en evaluaciones técnicas rigurosas. Se apoya, más bien, en insinuaciones personales que cualquier manual de ética periodística calificaría como inadmisibles. Esa elección lo sitúa más cerca de la difamación que de la crítica legítima.

En suma, moleste a quien moleste, el nombre de Karen Longaric quedará inscrito en la historia diplomática boliviana como sinónimo de institucionalidad, legalidad y dignidad en tiempos de tormenta.   

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