La pasada semana, la ex Canciller del gobierno de Jeanine Áñez le ha pegado con un caño pesado al ex Canciller del gobierno de Rodrigo Paz, Fernando Aramayo, en un show televisivo. Hay que tener mucho talante para pretender dar lecciones de rectitud y política exterior cuando se ha sido parte de una lamentable y violatoria gestión gubernamental contra los derechos humanos entre 2019 y 2020.
Comparto con nuestros lectores fragmentos del primer capítulo de mi libro “Hasta aquí llegamos Evo” (febrero, 2025) con información sobre la gestión de Karen Longaric:
Una carpeta cuidadosamente elaborada había quedado olvidada en algún despacho del Palacio Quemado en el que se instaló la presidenta de facto, Jeanine Áñez. Se trata de un material que contempla los siguientes aspectos: Talking points con textos en castellano, el siguiente capítulo en inglés 2020 Elections in Bolivia Following the Electoral Fraud of the Evo Morales Governnment (Constitutional Transition to the Áñez Presidency, Post Electoral Violence) y en la última parte se detalla una lista con los currículums de parlamentarios y funcionarios gubernamentales estadounidenses.
Destacan de esa lista los senadores de Texas, Ted Cruz; de Florida, Marco Rubio; de New Jersey, Robert Menendez; Mauricio Claver-Carone, Director para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional; Michael G. Kozak, Subsecretario de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado; Richard H. Glenn, Subsecretario de Estado Adjunto en la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley (INL). También figuran Eric Farnsworth, Vicepresidente del Council of the Americas con sede en Washington D.C., organización empresarial internacional; Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) y Paulo Abrao, Secretario Ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
En la misma carpeta, con el título de confidencial se incluye una programación de reuniones con la mayoría de estos personeros con sugerencias precisas de cómo debería ser cada uno de los encuentros en función de los perfiles personales de los interlocutores y con el mismo encabezamiento de Confidencial se puede leer una guía para las reuniones con los siguientes “Mensajes claves”. Destacamos de ellos, tres:
“Entendemos la responsabilidad histórica que tiene nuestro gobierno de hacer que el país retome la senda democrática. El principal rol de este gobierno es entregar el poder a un nuevo gobernante que sea electo por medio de unas elecciones libres y democráticas.”
“Este momento que vive Bolivia, de construir un camino para restaurar la democracia, es el resultado de las acciones fraudulentas y autoritarias que el ex presidente Evo Morales realizó para perpetuarse en el poder por encima del deseo de los bolivianos. Morales violentó dos veces la voluntad popular. Primero, ignorando la voluntad de nuestros ciudadanos cuando rechazó los resultados democráticos del referéndum de 2016 y luego en 2019 cuando manipuló el conteo de votos.”
“El flagrante fraude electoral cometido por Evo Morales y sus aliados es muy claro y ha sido categóricamente descrito de manera precisa por la OEA que concluyó que hubo una “manipulación dolosa” e “irregularidades graves” que hacen imposible validar los resultados emitidos originalmente por las autoridades electorales bolivianas.”
La carpeta en cuestión, independientemente de que dichas reuniones programadas hayan sido concretadas o no, evidencia la prioridad que para el gobierno de Áñez significaba darle explicaciones a los Estados Unidos acerca de asuntos que debieran considerarse de política interna en cualquier país soberano e independiente. El grado de sometimiento al poder imperial que con esta agenda bilateral se anunciaba, comenzó con el reconocimiento que el gobierno de Donald Trump hizo al régimen de Áñez.
Quién jugó un papel estratégico en una más de tantísimas acciones injerencistas estadounidenses a lo largo y ancho de su historia diplomática, fue el Encargado de Negocios en La Paz, Bruce Williamson, que no apareció en las reuniones realizadas en la Universidad Católica Boliviana para concretar la presidencia de Áñez, pero que ya en julio de 2019, tres meses antes de las elecciones, organizó una cena para reunir a Kevin O Reilly, Secretario Adjunto para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado con representantes de Brasil, Argentina y Perú a quienes les manifestó que el MAS ganaría las elecciones a través de un fraude electoral, lo que significa que un escenario de tales características ya había sido prefigurado desde la sede diplomática imperial, lo que llevó a la embajada norteamericana a orientar sus esfuerzos a la instalación de una matriz de opinión a través de redes sociodigitales, sobre un posible fraude que calara hondo sobre todo en las audiencias defraudadas que vieron irrespetado y violentado su voto por el No a la repostulación de Evo Morales en el referéndum que se había realizado el 21 de febrero de 2016.
El equipo de ministros del gobierno de facto, presidido por Áñez fue encabezado jerarquicamente por Karen Longaric, primera mujer en ocupar el Ministerio de Relaciones Exteriores en Bolivia, quién hasta entonces había trabajado en distintas oportunidades en la Cancillería, había sido directora del Instituto Internacional de Integración del Convenio Andrés Bello e ironías tiene la vida, como representante de la Comisión Nacional del Refugiado (CONARE). La primera sorpresa con la que nos encontramos a poco de haber asumido el cargo, para quienes habíamos tenido contacto periodístico con ella, es que se había tratado de una loba con piel de cordero, tan o más odiadora del MAS como lo era la presidenta que la había nombrado.
La gestión a cargo de Longaric se caracterizó por decisiones reñidas con la diplomacia y las distintas convenciones internacionales que rigen las relaciones entre Estados.
Como vecina del barrio La Rinconada (Zona Sur de la Sede de Gobierno, La Paz), donde también estaba ubicada la residencia de la Embajada de México, no hizo el menor gesto con su colega de Gobierno, Arturo Murillo, para disuadirlo de suspender el asedio policial contra la casa diplomática mexicana que había recibido en calidad de refugiados a personeros y afines al gobierno derrocado del MAS-IPSP. El acoso llegaba al extremo del encendido de reflectores durante todas las noches, dirigidos hacia las ventanas de la vivienda con el propósito de ejercer presión psicológica y perturbar el sueño de los allí asilados.
Longaric se negó a otorgar salvoconductos para la mayoría de quienes habían sido recibidos por la entonces Embajadora de México, María Teresa Mercado, y de esta manera se pudiera completar el asilo, abriéndoles el paso para que pudieran salir del país. La Canciller tomó dicha decisión precisamente con la representación diplomática del país que ha hecho del refugio político un rasgo distintivo de su política exterior desde principios del siglo XX.
Por razones estrictamente ideológicas, Bolivia rompió relaciones diplomáticas con Irán, Cuba, Venezuela y Nicaragua, países con los que el gobierno de Evo Morales había edificado relaciones bilaterales de cercanía.
La desinstitucionalización y el nepotismo fueron los rasgos que caracterizaron la gestión de Longaric al frente de las relaciones exteriores del gobierno de facto. Examinemos a continuación algunos ejemplos:
Victor Landívar, padre de la jefa de gabinete de Áñéz, María Lourdes Landívar, fue nombrado Consul General en Madrid.
María Cristina Linale, Cónsul en Valencia España, esposa de Octavio Aparicio, hermano de Jaime Aparicio, embajador ante la OEA. Tuvo que marcharse a Washington ante el rechazo de la comunidad boliviana en esa ciudad española.
Albert Hoffman Lora, Director Regional de la Cancillería en Santa Cruz de la Sierra. Sobrino de la Canciller Karen Longaric.
Jaqueline Montaño Castro, Agente Consular en Corumba, Brasil, pareja de Mirko Longaric, sobrino de la Canciller Karen Longaric.
Jacqueline Mercedes Murillo, Cónsul General en Miami, Estados Unidos, hermana del Ministro de Gobierno, Arturo Murillo.
Juan Pablo Coimbra, agente consular en el Consulado General en Suiiza. Hermano del ministro de Justicia, Alvaro Coimbra.
Mohamed Andres Mostajo Radji, denominado embajador “científico” ante organismos internacionales con sede en Washington, pero que hizo de La Paz, sede de sus funciones. Nunca se especificó cuáles eran sus tareas y responsabilidades. Se decía que era el novio de la hija de la presidenta, Carolina Ribera Áñez, pero nuevas informaciones corrigieron la versión: Mostajo Radji llegó al cargo por ser amigo íntimo del hermano de Carolina, José Armando Ribera Áñez.
José Carlos Bernal, director de Legalizaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores, amigo de Pablo Anaya Longaric, hijo de la Canciller Karen Longaric.
Ismael Franco Gonzales, director de Límites de Ministerio de Relaciones Exteriores, amigo de Pablo Anaya Longaric, hijo de la Canciller Karen Longaric.
Para los nombramientos a las distintas representaciones diplomáticas con las que el gobierno de Áñez sostuvo relaciones, la limitación constitucional de la elección de embajadores en el Senado, la obligó a designar nada más que a Encargados de Negocios y/o Ministros Consejeros, cuyos nombres nos guardamos por razones de espacio para una próxima oportunidad, cuando la temática lo exija.
Entre sus decisiones ideologizadas, la Canciller Karen Longaric decidió romper relaciones diplomáticas con Cuba, país en el que obtuvo su doctorado en derecho internacional en la Universidad de La Habana, cuando su esposo, Franklin Anaya, ejercía como embajador del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada entre octubre de 1994 y octubre de 1997.
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