Junio 29, 2026 -HC-

La reconstrucción del tejido nacional comienza desde la economía


Lunes 29 de Junio de 2026, 11:00am




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Existe una idea que repetimos casi de forma automática cada vez que enfrentamos una crisis: "hay que reactivar la economía". Lo escuchamos en el debate público, en los sectores productivos, en las instituciones y en las conversaciones cotidianas. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntarnos qué significa realmente. ¿Se trata simplemente de recuperar los niveles de producción, volver a mover el comercio y estabilizar algunos indicadores? ¿O estamos frente a la oportunidad de construir una economía distinta?

Si mañana todos los indicadores económicos mejoraran, ¿podríamos afirmar que Bolivia está realmente en una ruta de desarrollo? Probablemente no. El crecimiento, por sí solo, no garantiza un país con más oportunidades ni una mejor calidad de vida. La verdadera discusión no debería centrarse únicamente en cómo recuperar la actividad económica, sino en qué economía queremos construir y qué decisiones estamos dispuestos a tomar para hacerla posible.

Porque la economía nunca ha sido solamente números. Tiene el rostro del productor que vuelve a sembrar, de la emprendedora que apuesta por abrir un negocio, del joven que busca una oportunidad sin tener que abandonar su país y de cada familia que espera que el esfuerzo de todos los días encuentre una recompensa. Reactivar no es volver atrás. Es decidir hacia dónde queremos avanzar.

Durante años hemos confiado en un modelo económico que respondió a una realidad distinta. Pero el mundo cambió, los mercados cambiaron y las formas de producir también. Bolivia no puede aspirar a un desarrollo sostenible respondiendo a los desafíos del presente con las herramientas del pasado. Hoy necesitamos una economía que incorpore innovación, genere valor agregado y diversifique sus capacidades productivas para dejar de depender de un número limitado de actividades económicas. No porque debamos renunciar a lo que somos, sino porque tenemos la oportunidad de convertirnos en mucho más.

Ese desafío también exige una transformación en la forma de entender el empleo y el servicio público. La reactivación económica necesita generar oportunidades de calidad, donde el talento, la preparación y el compromiso tengan más peso que cualquier cuota política. Cada vez que el mérito cede espacio a otros intereses, no pierde solamente una persona; pierde competitividad una empresa, pierde eficiencia una institución y pierde oportunidades todo un país.

Quizá ha llegado el momento de impulsar un gran Acuerdo Nacional por la Productividad. No como un pacto político, sino como un compromiso de país. Un acuerdo donde el Estado facilite en lugar de obstaculizar; donde el sector privado continúe invirtiendo; donde la academia forme el talento que demandan los nuevos tiempos; donde la innovación deje de ser una excepción y la diversificación económica se convierta en una política de Estado. Un acuerdo que nos permita dejar de reaccionar a las crisis para empezar, por fin, a construir el futuro.

Porque la mayor riqueza de Bolivia no está debajo de la tierra. Está en el talento de su gente y en la capacidad que tengamos para crear las oportunidades que le permitan desarrollarlo. Si logramos comprenderlo, la reactivación económica dejará de ser una respuesta a la crisis para convertirse en el punto de partida de un nuevo modelo de desarrollo. Uno que vuelva a poner a las personas en el centro, que premie el mérito, impulse la innovación y nos permita reconstruir, desde la economía, el tejido de una nación que necesita volver a creer en sí misma.

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