18 de junio (Urgente.bo).- Silvia Paco Salvatierra es la mamá de la casa hogar “Adopta Amor”, que desde hace casi 10 años recibe a cientos de perritos en muy mal estado. Ella los rescata, los cuida y los sana hasta el momento en que puede darlos en adopción. Aun con todo su esfuerzo, no logra que las personas se lleven a los perritos con algunas características diferentes e, incluso, sabe que nadie podría cuidarlos como ella lo hace.
“Los que tenemos este cariño y esta sensibilidad hacia los animales venimos desde la cuna. Podemos sentir su dolor y sufrimiento y, a partir de eso, actuar; por eso yo los rescato”, señaló Silvia, quien realiza esta noble labor desde hace más de 20 años a Urgente.bo.
A pesar de las tristes historias de cada cachorro, ellos irradian alegría cuando alguien visita su hogar y, como si fueran niños, la emoción de compartir su espacio con una persona nueva se apodera de sus pequeños cuerpos, que no pueden ocultar su entusiasmo.
Una de sus perritas más especiales es una pequeña albina con síndrome de Down llamada Milagritos. Antes pertenecía a un criadero y, cuando enfermó, la dejaron abandonada dentro de una bolsa junto a otro perrito. Silvia comenta que no sabe cómo sobrevivió, pero desde entonces se convirtió en una parte indispensable de su vida.
“Me decían que la hiciera dormir porque realmente estaba muy mal. Cuando mejoró, muchos me dijeron que la iban a adoptar, pero nadie lo hizo. Ahora se queda conmigo; ella es puro amor”, señaló, recordando que hoy está irreconocible en comparación con el estado en el que fue rescatada.
Mister Magu y Facundito son dos perritos que comparten la misma discapacidad: ambos quedaron cieguitos. Mister Magu llegó a la casa hogar porque una persona en situación de calle ya no podía brindarle una buena vida debido a su condición. Facundito, por su parte, fue abandonado sin un ojo, con una pata rota y casi moribundo en la Autopista La Paz–El Alto.
Ambos pequeños viven como si no tuvieran ninguna discapacidad. A pesar de su avanzada edad, corren, juegan, ladran y saltan de un lado a otro. Silvia considera que aman su vida a pesar de las adversidades, porque cree que, antes de llegar a su hogar, nunca habían recibido amor.
“Ellos son totalmente ciegos, pero no lo saben. Si ves sus ojos, son ciegos, pero son felices”, señaló.
Uno de los casos más conmovedores es el de Esperancita, una perrita mestiza que sufrió la dura realidad de la adicción. Anteriormente pertenecía a un clefero y, en medio de una pelea entre personas en situación de calle, recibió una puñalada en su pequeño cuerpo.
A raíz de ello llegó a las manos de Silvia, quien tuvo que ver cómo un ser tan inocente sufría las consecuencias del síndrome de abstinencia tras vivir tantos años junto a una persona adicta. Esto le provocó ataques casi incontrolables y un gran sufrimiento durante varias semanas. Ahora, entiende que darla en adopción sería una irresponsabilidad, por lo que decidió que permanezca en el hogar.
Como ellos, en la casa hogar Adopta Amor hay muchos casos e historias especiales de peluditos que fueron abandonados, explotados y maltratados. Sin embargo, a pesar de las dificultades económicas y de su delicado estado de salud, Silvia asegura que seguirá ayudando a quienes no tienen voz y, sobre todo, a quienes más lo necesitan.


