Junio 09, 2026 -HC-

La ingenuidad de los “rambos”


Martes 9 de Junio de 2026, 10:30am




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En muchos queda la sensación de estar ante algo para lo que no existe una clara estrategia de remediación, más allá de que el diálogo lleve a establecer algunos acuerdos. Hay sin duda algo de fondo sobre lo que las discrepancias permanecerán indefinidamente. Quizás tenga que ver con el rol del Estado o con lo que cada uno de los actores en discrepancia entiende por ello.

El mito que, de manera más recurrente, ha contribuido al actual estado de las cosas, es que el gobierno actual quiere privatizarlo todo. Esta percepción, errada por cierto, no puede ser desatendida solo porque sea falsa. Hay que atender, aunque no sea del todo fácil y demande un ejercicio de comprensión paciente, a la cultura en la que se asientan o en las que tienen éxito tales observaciones.

El tema quizá tenga que ver con la confianza. “Yo confío solo en aquellos que son de mi misma clase o de mi misma raza”, pero no en los que no son como yo, en los otros que casi siempre han jugado en contra mía o han privilegiado los intereses de una minoría sobre los de la gente común.

Si la desconfianza es el elemento que nutre la controversia y la dificultad de encontrar una salida, no será fácil que las recetas de negociación habitual funcionen, porque si se pone en duda reiteradamente la credibilidad del otro, si el otro está bajo sospecha por razones que se hunden en lo más lejano de la historia, entonces  ni siquiera lo firmado tendrá validez.

Y el conflicto se prolonga solo porque no se quiere al interlocutor en el lugar que hoy ocupa. Se desconocen las formas de elección democrática y se recurre al Cabildo como el espacio participativo de decisión, porque es el más próximo a nuestra manera de entender la forma en que debe llegarse a las conclusiones.

Entonces estamos ante un desafío mayor: el de atraer a los incrédulos nuevamente hacia las formas y hábitos establecidos de la democracia.  Pero eso tiene que ver con el reconocimiento de los logros y conquistas pasados. No puede menospreciarse y mucho menos ignorarse aquello que tiene valor e importancia para la mayoría.

La represión interrumpe el diálogo necesario. Es el bloqueo desde la perspectiva “oficial”, no la solución a las diferencias. Y frente a ese “bloqueo”, la resistencia cobra nuevamente valor y el conflicto se prolonga más allá de las firmas coyunturales y en el fondo nada cambia.

El gobierno de R. Paz, a través de algunos de sus representantes, ha apostado por el diálogo a pesar de que iba a enfrentar cuestionamientos sobre una aparente “debilidad” para encarar los temas que afectan a cientos de miles de personas y que limitan la normalidad de sus vidas.

La insistencia sobre el diálogo puede ser, efectivamente, una manifestación de la debilidad de un gobierno que no descifró adecuadamente de principio la magnitud de los problemas, pero al mismo tiempo y más allá de los cuestionamientos anclados en el interés político, es evidente que la alternativa, violencia, es mucho peor, como quedó demostrado con los primeros intentos de levantar los bloqueos por la vía de la fuerza.

Ante esto, se debe entender que no es más valiente el que camina desafiante entre las piedras, sin tener la certeza de que con esa actitud abrirá los caminos, que el que no está dispuesto a renunciar a la posibiidad de encontrar las salidas sin confrontación directa.

Entender la solución no pasa solo por elegir la táctica, sino por reconocer que detrás de todo no solo hay una mitología creada a lo largo de los años, sino una multiplicidad de intereses, incluidos los de las fuerzas que aprovechan la turbulencia para promover actividades ilegales, que deben ser analizados desde la política y no desde los juegos de guerra.

Porque, a fin de cuentas, como quedó demostrado en el pasado reciente, resolver los problemas responde más a la inteligencia que a la sagacidad de los “rambos criollos” que quieren una medalla de heroísmo en sus pechos ingenuos.

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