Agosto 07, 2026 -HC-

Pacha tixra y cogniciones gubernamentales


Domingo 31 de Mayo de 2026, 8:00am




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“Nada en la vida es fácil” dijo Mauricio Zamora, Ministro de Obras Públicas, después que los policías y militares hayan sido rebasados en los puntos de bloqueo el día sábado 23 de mayo en la carretera La Paz-Oruro. Operación militar-policial llamado “Corredor humanitario banderas blancas”.

Los comunarios y gente de diferentes lugares han retomado los puntos de bloqueos y destruido todo lo que se parezca al Estado en Achica Arriba o Apacheta y en otros lugares. En Caracollo, en el otro extremo para despejar el corredor humanitario, los policías y militares han tenido que retirarse porque hay una dura resistencia para no ser desbloqueado el camino internacional.

Los lenguajes de la nueva guerra están expuestos a la vista. La gente expone sus cuerpos, sus lenguajes y sus nuevas cogniciones sociales, mientras que los gobernantes a su turno hacen lo propio. En esa relación existen evidentes sentidos de desencuentro histórico entre “indios” y “blancos”. Los gobernantes no han aprendido la historia de los levantamientos y las guerras indígenas que han sido parte de casi toda la historia política boliviana desde antes de la república. Los blanco-mestizos piensan que conocen el mundo social, pero se puede observar que tienen profundas fronteras y puntos ciegos que no les permite entender o explicarse con claridad el denso sentido de la historia de la lucha social ya sea en lo local o la confederada como la Pablo Zatate Willka en 1899.

El control territorial o geográficos siempre ha sido un factor que desequilibrio de las relaciones contenciosas porque hay aprendizajes y conocimiento con todas las posibilidades de vigilancia, control, choque y retirada para manejar el horizonte del movimiento porque atrapa todas las fuerzas de lo que se ve como enemigo. Las elites bolivianas mientras tanto desconocen o simplemente desprecian a la gente como simples “vándalos” cuando hay toda una forma construida de resistencia y victoria frente a la violencia del Estado. En cada paso las acciones colectivas en multitud o en pequeños grupos es una fuerza anclada en un saber estratégico, técnico y táctico de lo militar porque quienes se enfrentan a las fuerzas del Estado han sido soldados y han recibido el mensaje de que la patria se defiende incluso con sangre.

En todo eso el pueblo aymara, que vive en las ciudades y las áreas rurales, sabe que el conocimiento militar del espacio-tiempo es un rico repertorio que permite saber a distancia de lo que es posible que los gobernantes puedan se aturdidos, puesto que no logran descifrar lo que ocurre en su frente. Los comunarios saben que se mueven entre un adentro y un afuera para así envolver y desenvolver el tiempo y el lugar. Un conjunto de repertorios que se produce y es producido en la memoria colectiva e individual para de ese modo presentarse ante el Estado como un pueblo que tiene un pasado que luchó, fueron masacrados, violados sus mujeres, pero puso cara a la derrota cuando así ocurre. Y cuando logra victorias, del mismo modo que es posible morir, logra historias que puede incluso ser poco designados en el conocimiento de la academia boliviana.

Zarate Willka o Felipe Quispe, sabían exactamente de cómo es el mundo de la guerra y de un saber de la misma vida del pueblo o su territorio. También sabían de cómo es el mundo de los “blancos” porque los observaron, lo miraron e incluso comieron con ellos. Allí hay un aprendizaje de esa relación para cuestionar la forma tan poco moderna de dichos señores o sus gustos sobre la comida o incluso sus asuntos más íntimos. El Mallku dijo una y otra vez que el “q’ara, q’ara no más es”. No entiende el mundo humano de los aymaraquechuas o si entiende se burlan, lo disocia a su condición de excontemporáneo y lo pone en el espejo de los “salvajes”. Allí es casi imposible que uno con otro pueda compartir algo de lo mínimo de la vida o del poder. Zarate Willka lo conoció a José Manuel Pando y lo detuvo en su mirada las condiciones de lo que más o menos es humano o no lo es.  

Así, ahora, que la tecnología ha inundado el mundo de las relaciones, esas distancias se han achicado porque se sabe aun más de las cogniciones de los gobernantes o simples habitantes de “ciudades de bien” que sin embargo nos muestra un mundo poco claro o, mejor, opaco porque allí no habita la modernidad en plenitud, sino un mundo oscuro de la historia colonial y racista. Por eso aparecen, o se exponen como en círculos de teatro que no saben manejar la escena ni tienen sentido del público que los observa. Como se sienten “semidioses” creen que son inermes ante las miradas o el escrutinio de unos seres que los tienen de frente. Por eso las relaciones de poder ahora se han tornado difíciles o incluso se harán imposibles porque estos han perdido todo sentido de coherencia de lo que parece ser gobernante.

Ya es difícil que sigan siendo gobernantes dado además que están en retirada porque, pues, ningún gobiernos va ser posible sin los “indios”. O en otro sentido, Bolivia sólo tiene legitimidad política y social bajo el gobierno de los indios y todo un conjunto de herramientas de la historia que se aplicara. Lo cual, por supuesto, no quiere decir que estos nuevos actores del poder sean limpios y perfectos. Tienen problemas como los han tenido desde la fundación de Bolivia los gobernantes criollos porque han regalado territorios o han perdido guerras internacionales por su mentalidad colonial.

Por lo que se puede decir que los herederos de la colonia están de retirada del espacio público del poder porque han perdido el horizonte del mismo poder, de las nuevas dimensiones de ese poder, de las relaciones económicas puesto que ya no sólo son de ellos o sólo para ellos. El mundo se ha abierto de par en par para el mundo indígena que hace negocios de todo tipo, entró en las relaciones del poder, de la economía y de la cultura para ser hombres-mujeres contemporáneos del presente siglo y vivir un ciclo político histórico del tercer tiempo después de dos y cientos años de una Bolivia confusa.

Así, pues, hoy el tiempo se ha dado vuelta lo que en aymara se llama pachakuti o pacha tixra que en español podría traducirse como el revolvimiento del espacio-tiempo. El mundo pertenece a todos y no sólo a un selecto y pequeño grupo que en el lenguaje político se llama oligarquía. Aunque este es un mundo abierto que convoca un verdadero desafío porque también hay cosas que no se conoce o cosas del mundo público que aprender. Ese desafío está marcado en el tercer tiempo de Bolivia. Las condiciones internas de cada lugar son densas y complejos por las mismas condiciones de la nueva producción territorial en Bolivia. Lo que son las posibilidades de ser realmente y no seguir viviendo en el espacio de no ser según había definido al mundo colonial de Argelia, Frantz Fanón. Los aymara y otros pueblos no quieren seguir viviendo en el espacio de no ser. Quiere ser realmente gente o jaqi porque tiene su contemporaneidad, su historia y su mundo de relaciones internas y externas.

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