Enero 26, 2026 -HC-

Doña Virginia 'vende sueños' de Alasita y con mucha suerte


Sábado 24 de Enero de 2026, 3:15pm




24 de enero (Marco Quispe Urgente.bo).- “Nosotros vendemos sueños”, así resume su trabajo Virginia Álvarez Vargas, quien desde hace más de 20 años ofrece “billetitos” y miniaturas junto a sus cuatro hermanas en la preferia de la Alasita.

Su puesto, ubicado en la avenida Camacho en la ciudad de La Paz, es uno de los más concurridos y ella asegura que quienes compran sus productos, generalmente comerciantes minoristas, siempre regresan, convencidos de que les traen suerte.

“Toda nuestra mercadería se vende y tiene suerte”, afirma Virginia mientras sostiene una ch’uspa (bolsa) con dólares de alasita y la imagen de su madre ya fallecida, Marina Vargas, quien impulsó en sus hijas el buen trato a sus clientes y sobre todo, la convicción de que los deseos pueden cumplirse en esta tradicional fiesta.

FE Y SUEÑOS

La Alasita representa una creencia profunda: que los sueños pueden hacerse realidad. A través de miniaturas que son compradas, las personas expresan sus deseos de prosperidad, salud, trabajo e incluso amor, confiando en que, con fe aquello que hoy se compra en pequeño mañana se transforme en una realidad.

Esta práctica es mantenida por la familia Álvarez, uno de los puestos más visitados en la preferia de la Alasita (feriantes que ofrecen sus productos al menor y por mayor) que se instala semanas antes de la inauguración oficial del 24 de enero.

“Vendemos maletas para viajar, ch’uspa con dólares y bolivianos e incluso pasaportes para viajar a Estados Unidos”, cuenta Virginia quien cada año junto a su familia prepara sus productos con al menos cuatro meses de anticipación.

Virginia y su familia atienden con calidez a sus caseros. Una de las particularidades de su puesto es la gran variedad de billetitos de Alasita en dólares y bolivianos, pero lo que sobresale es su tradicional tari de la abundancia (pequeño aguayo), una herencia de su madre.

Este producto, uno de los más buscados, contiene azúcar, arroz y fajos de “billetitos”, y es preparado cuidadosamente para cada cliente. “Mi mamá siempre pedía deseos por las personas y les ponía fechas: casa, auto, trabajo y muchas veces se cumplían. Por eso tenemos tanta clientela”, recuerda con emoción.

Virginia cuenta que su madre fue una de las caseras mas antiguas de la Alasita y fue quien mostro el camino para ella y sus hermanas e incluso para otras personas

La comerciante relata que muchas personas regresaban al año siguiente para agradecer a su mamá quien preparaba este tari de la abundancia. “Una vez vino una joven que no podía ser mamá. Mi mamá le dijo que tendría a su hijo al año y volvió luego de un año con la noticia de que ya tenía un hijo. Otro señor pidió un auto y también se cumplió en la fecha que ella (su mamá) dijo. Me siento feliz y emocionada, aunque extraño mucho a mi mamá; debemos seguir adelante”.

El tari de la abundancia se renueva cada año hasta que el deseo se cumpla; este es devuelto a Virginia o en su caso llevado donde la imagen del Ekeko (dios de la abundancia en la Alasita) en el campo ferial. “La gente renueva sus deseos año tras año: algunos piden dinero, otros autos, salud o trabajo, pero siempre con fe”, subraya.

Virginia y sus cuatro hermanas continúan el legado de su madre demostrando que creer en los sueños sigue siendo esencial.
“Nosotros, los artesanos, vendemos sueños. Por eso es importante comprar con fe, pensando que se hará realidad. Como dicen, la fe mueve montañas”, concluye.

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