“Los tiempos eran difíciles, en aquellas épocas de dictadura tenías que caminar con el testamento bajo el brazo”, relata doña Justa a sus nietos, antes de morir a los 96 años en 2010. Como ella, los sobrevivientes de aquellos tiempos guardaron en sus memorias los terribles golpes de Estado y las consecuencias de regímenes militares en Bolivia. Desde 1982, dicha generación participó en las elecciones, una expresión de la recuperación de la democracia.
Hoy, lunes 10 de octubre, Bolivia cumple 40 años de democracia, ese sistema que se logró tras luchas en las calles y el luto de las familias. El 10 de octubre de ese año, el general Guido Vildoso entregó el poder a Hernán Siles Zuazo, ganador de las elecciones presidenciales.
“Cuando iniciamos la democracia, en los años 80, la gran duda era si esto iba a tener estabilidad y hoy día se ha logrado. Esto es algo de lo que hay que demostrarse orgulloso y difundirlo en el mundo. Tenemos cuatro décadas de continuidad democrática”, resalta el analista político, Carlos Cordero.
La idea es compartida por la analista política Susana Bejarano, quien indica que en 40 años los bolivianos siempre han optado por la democracia. “La democracia en Bolivia es joven, pero llena de luz, de oportunidades, de potencialidades”, considera.
La democracia y sus vacíos
La analista Bejarano resalta que la democracia en Bolivia se ha profundizado y que hoy, como resultado de un proceso, permite elegir a representantes de concejos municipales, asambleas, departamentales, alcaldes, gobernadores, diputados uninominales, aquellos que tienen representación de los pueblos indígenas y regionales. Además, reconoce otras formas de democracia intercultural, como la ejercida por los pueblos indígenas y campesinos con sus usos y costumbres.
Sin embargo, Bejarano apunta que la democracia ha sufrido freno como el impulso a la democracia intercultural, que apenas se inicia.
Además, indica que una de las “alertas rojas” contra la democracia en Bolivia es la falta de capacidad de diálogo y la ausencia de debate. Eso se expresa en la Asamblea Legislativa, una institución que, para ella, carece de credibilidad.
“La democracia, que en su expresión más grande es la Asamblea Legislativa, no logra pactos, no logra llegar a acuerdos, que es una de las bases de la democracia misma”, lamenta Bejarano.
Esta falta de credibilidad desprestigia “el mejor modelo que ha inventado la humanidad”, añade. Lo mismo ocurre con los partidos políticos, según encuestas, organismos que carecen de credibilidad.
“Eso repercute en cómo la gente mira la democracia (…) la población no está plenamente contenta con este sistema, no creo por la democracia, sino por las instituciones que operan la democracia”, apuntó.
El analista Cordero coincide con Bejarano en que la democracia tiene debilidades, pero la culpa no está en las instituciones, sino en los líderes políticos. “Quienes fallan son los líderes políticos (…) la democracia no está mal (…) la institucionalidad política democrática están bien”, asegura y dice que hace falta una pedagogía democrática.
En su análisis, los líderes del sistema político boliviano deberían comprender cómo funciona la democracia que es con base en la tolerancia, pluralidad y libertad.
La historiadora Sayuri Loza señala que la democracia en Bolivia aun es incompleta y arrastra todavía fuertes cargas del colonialismo. Menciona que los partidos impusieron el “rodillo parlamentario” o estimularon a los diputados “pasa pasa” y demás. Estos manejos corruptos “se arrastran hasta hoy”.
Loza concluye que, a pesar de que la democracia cumple 40 años, hay una crisis en las instituciones, no solo en el Gobierno central, sino en las gobernaciones y alcaldías.
Ejemplificó la designación del Defensor del Pueblo, una elección muy cuestionada, o lo que ocurrió con Jeanine Añez, quien pasó a ser Presidente, a pesar de que no gozaba de representatividad ni legitimidad.
Por ello, considera que la democracia en Bolivia no avanza cuando existe el totalitarismo en las instituciones y cuando los actos de corrupción cunden en éstas.
“‘Qué vuelvan los milicos ’, es la frase del resultado de las malas prácticas y de las antidemocráticas que vivimos”, lamenta Loza.
Lo importante ahora, reflexiona la historiadora, es crear lazos y unir vínculos porque en Bolivia la democracia estaría débil.
“No podemos olvidar lo que ha pasado con gobiernos militares (…) nuestra democracia está débil, hay que fortalecerla, hay que unir vínculos, crear lazos y hay que olvidar los totalitarismos”, propone la historiadora, cuya madre, Remedios Loza, fue una de las protagonistas de la democracia boliviana.
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